Atajar el acoso sexual desde sus inicios

Los violadores, aquellas personas que someten a otras  mediante la agresión sexual, no se convierten en violadores de la noche a la mañana. En muchos casos su primera violación está precedida por una trayectoria de abusos sexuales que va de menor a mayor gravedad.

Cuando alguien lanza un piropo incomodando a una persona y nadie le para, es posible que siga lanzando piropos de manera continua e indeseada. Lo mismo con otras formas de acoso expresivo, acercamientos, seguimientos, toqueteos, invasión de privacidad, exhibicionismo… Si nadie para a los agresores sexuales en estas primeras fases, es probable que sigan agrediendo con las mismas acciones, con el riesgo de dar pasos a nuevas acciones de mayor gravedad.

Aunque en teoría el primer paso lo pueden dar las víctimas atajando estas agresiones en el momento, en la práctica este paso es muy difícil y arriesgado para su seguridad e incluso su reputación social en un contexto machista y patriarcal. Por esto es muy importante la defensa activa de las víctimas por parte de quienes presencien estos actos, quienes tengan relación con los agresores y quienes se encarguen del mantenimiento de la seguridad y el respeto en la calle, el trabajo, la casa y otros espacios públicos o privados.

Actuar con feminismo mientras exista el machismo

Mientras el machismo sea una ideología y una práctica dominante, mantenerse al margen de la discriminación de género o declararse neutral no es suficiente: hay que actuar con motivaciones y objetivos explícitamente feministas. Este principio debe ser asumido por todas las personas al margen de su género y orientación sexual. No es sólo un problema de las mujeres.

De hecho, el patriarcado y las actitudes machistas están tan asentadas en las culturas, las sociedades y las costumbres que el hecho de pensar que no somos machistas o que no actuamos como tales no es garantía alguna. Y el hecho de ser mujer tampoco. Por eso el primer paso es adoptar una conciencia feminista explícita, y a partir de ahí aprender, escuchar, intentar mejorar y actuar.

Hay muchos feminismos y cada cual puede encontrar la tendencia con la que más se identifique. Lo que importa es coincidir en la idea central:  la discriminación de género, manifestada en el patriarcado y los machismos, es un problema social de máxima prioridad que hay que solucionar, del que nos debemos liberar.

No hay duda sobre la existencia y la extensión del patriarcado a través de la historia y hoy día. Este patriarcado consiste en el dominio del orden social por los hombres y en la subordinación de las mujeres, en una situación considerada natural y que se refuerza a través de la explotación y la opresión, con un recurso sistemático a varios tipos de violencia. En el contexto patriarcal en el que la mayoría vivimos, mantenerse al margen o declararse neutral no resulta en neutralidad alguna. Estas posiciones refuerzan el patriarcado, el machismo, e incluso con frecuencia ayudan a justificarlo y renovarlo.