Atajar el acoso sexual desde sus inicios

Los violadores, aquellas personas que someten a otras  mediante la agresión sexual, no se convierten en violadores de la noche a la mañana. En muchos casos su primera violación está precedida por una trayectoria de abusos sexuales que va de menor a mayor gravedad.

Cuando alguien lanza un piropo incomodando a una persona y nadie le para, es posible que siga lanzando piropos de manera continua e indeseada. Lo mismo con otras formas de acoso expresivo, acercamientos, seguimientos, toqueteos, invasión de privacidad, exhibicionismo… Si nadie para a los agresores sexuales en estas primeras fases, es probable que sigan agrediendo con las mismas acciones, con el riesgo de dar pasos a nuevas acciones de mayor gravedad.

Aunque en teoría el primer paso lo pueden dar las víctimas atajando estas agresiones en el momento, en la práctica este paso es muy difícil y arriesgado para su seguridad e incluso su reputación social en un contexto machista y patriarcal. Por esto es muy importante la defensa activa de las víctimas por parte de quienes presencien estos actos, quienes tengan relación con los agresores y quienes se encarguen del mantenimiento de la seguridad y el respeto en la calle, el trabajo, la casa y otros espacios públicos o privados.