Asegurar un hogar para toda persona

El hogar es un elemento clave para la vida humana. El hogar ofrece una protección vital, facilita un margen de libertad, asegura un mínimo de dignidad y dispone una base para la expresión. Vivir sin hogar fijo puede ser una experiencia liberadora cuando es escogida libremente. Cuando es una situación forzada, la vida sin techo aísla y encadena las personas a la prisión abierta que es la marginación social.

En un mundo con recursos de sobras para dar cobijo a cada ser humano, nadie merece vivir en la calle a la fuerza. Incluso a las personas cumpliendo condena se les ofrece cama y techo. Después de la alimentación, el hogar es la segunda prioridad que toda comunidad debe anteponer al resto de problemas.

Si alguien está en la calle se le debe ofrecer un hogar. Y si alguien vive en un hogar no se le puede echar a la calle. Esto es especialmente cierto cuando el motivo para desahuciar a alguien es el dinero, el impago de una hipoteca o un alquiler. Y es aún más cierto cuando esa deuda es contraída con una persona o empresa que vive en la comodidad o incluso vive del negocio inmobiliario o hipotecario. Si por contrato privado alguien debe abandonar un hogar, ese deber sólo se puede ejercer cuando por contrato social a esas personas se les puede ofrecer un hogar alternativo.